lunes, 21 de abril de 2008

Día D


Un artículo oportuno despierta una conversación singular. Padre allí continúa, sentado junto a madre. Todo transcurre con la normalidad que cabe esperar hasta que un simple comentario hace fijar mi mirada en ellos. El primer paso para tratarlo con normalidad es reconocerlo ante el propio entorno, dice padre. Madre le sigue, aun quedan muchas barreras por romper. Y yo pregunto si realmente creen que la manera de decirlo es con un simple "Mama, papa: soy gay". Me doy cuenta de la brusquedad con que sonó. Mi pecho se tensa y mi corazón late con cierta rapidez. Me aproximo a “confesar” pero me viene a la cabeza la ausencia de mi hermano en ese preciso momento. Nunca pensé que esa fuese la forma correcta de decirlo, pero si debo contarlo él también debe estar presente. Sólo faltan un par de horas para que llegue, quizá incluso menos. Si, prefiero esperar. Yo estoy tranquilo, no le doy mayor importancia, no la tiene. Preparo la cena, hago algo de tiempo, pregunto por él y aun no ha llegado y madre se aproxima para ir a la cama invadida por el sueño. De nuevo no estaremos todos. Pienso para mis adentros, he esperado años, he esperado éstas últimas horas, creo que podré esperar un día más… Realmente sé que todo esto no cambiara nada, y por eso mismo no me veo en la necesidad de decirlo, pero aun así, antes de dormir me pregunto si mañana será el día…



De fondo suena Padre de Javier Álvarez
Una imagen de James Dean reluce en la pared de mi cuarto.



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